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Alfonso G. Aguilar

Fundador de Hypercreative. Ha trabajado en tres sitios donde equivocarse sale caro: la producción para cine y televisión, la cabina de un avión y una empresa que medía lo que siente la gente. El método nació en el primero.

Alfonso G. Aguilar, fundador de Hypercreative

Un método que no nació para venderse

Hypercreative empezó como una herramienta interna. Alfonso la construyó para entrenar a los equipos de su propia compañía de producción, donde el calendario es imposible, el presupuesto se acaba, el encargo cambia a mitad de camino y aun así el trabajo tiene que ser brillante y llegar a tiempo. Cuando funcionó, lo convirtió en un método que se pudiera enseñar sin él delante. Las empresas llegaron después, a pedirlo.

Crear con fecha de entrega

Su compañía de producción para cine y televisión tiene oficinas en Los Ángeles, Madrid y Bucarest. Sus trabajos se han estrenado en Netflix, Prime Video y Nickelodeon, y entre ellos está la música de Klaus, la película de animación nominada al Óscar y ganadora del BAFTA. Para los ochenta minutos de música que quedaron en Klaus, el equipo escribió ocho horas y veintitrés minutos, más de seis veces lo que sobrevivió. Esa proporción es el método en pequeño: generar sin juzgar y después juzgar sin generar.

Ensayar la avería antes

Pilotó aviones de línea en Iberia Regional. De la cabina viene una costumbre que recorre todo el entrenamiento: las averías se ensayan en el simulador, no el día que llegan. Por eso en nuestros programas las reglas cambian a propósito.

Medir lo que se siente

Fundó Alyze, una empresa que medía segundo a segundo la emoción y la atención de personas reales ante piezas audiovisuales: primero con encefalografía y sensores en un estudio, después con la cámara de cualquier móvil. De ahí le queda al método una convicción. La creatividad no es un don: se entrena, y entrenarla deja una huella que se puede medir.