Un método que no nació para venderse
Hypercreative empezó como una herramienta interna. Alfonso la construyó para entrenar a los equipos de su propia compañía de producción, donde el calendario es imposible, el presupuesto se acaba, el encargo cambia a mitad de camino y aun así el trabajo tiene que ser brillante y llegar a tiempo. Cuando funcionó, lo convirtió en un método que se pudiera enseñar sin él delante. Las empresas llegaron después, a pedirlo.
Crear con fecha de entrega
Su compañía de producción para cine y televisión tiene oficinas en Los Ángeles, Madrid y Bucarest. Sus trabajos se han estrenado en Netflix, Prime Video y Nickelodeon, y entre ellos está la música de Klaus, la película de animación nominada al Óscar y ganadora del BAFTA. Para los ochenta minutos de música que quedaron en Klaus, el equipo escribió ocho horas y veintitrés minutos, más de seis veces lo que sobrevivió. Esa proporción es el método en pequeño: generar sin juzgar y después juzgar sin generar.
Ensayar la avería antes
Pilotó aviones de línea en Iberia Regional. De la cabina viene una costumbre que recorre todo el entrenamiento: las averías se ensayan en el simulador, no el día que llegan. Por eso en nuestros programas las reglas cambian a propósito.
Medir lo que se siente
Fundó Alyze, una empresa que medía segundo a segundo la emoción y la atención de personas reales ante piezas audiovisuales: primero con encefalografía y sensores en un estudio, después con la cámara de cualquier móvil. De ahí le queda al método una convicción. La creatividad no es un don: se entrena, y entrenarla deja una huella que se puede medir.
